El escenario global actual, marcado por múltiples crisis simultáneas, ha intensificado los focos de conflicto armado —especialmente en Europa del Este y Medio Oriente—, incrementando la presión sobre los sistemas internacionales de cooperación y asistencia oficial al desarrollo (AOD) (OCDE, 2024). Según la OCDE (2024), la AOD global alcanzó un récord de USD 223.7 mil millones en 2023, impulsado principalmente por los flujos hacia Ucrania y Gaza. Sin embargo, el Global Humanitarian Overview 2024 de OCHA (2024) señala que las necesidades humanitarias globales superaron por primera vez las 360 millones de personas, con una brecha de financiamiento cercana al 40%.
Si bien este desvío de recursos hacia contextos de guerra no constituye la causa principal de la reducción de la ayuda hacia América Latina y el Caribe (LAC), sí refuerza una tendencia preexistente: la disminución sostenida de los flujos de AOD destinados a la región durante los últimos cinco años. Según OCDE y CEPAL, la ayuda neta hacia LAC cayó más del 10% entre 2018 y 2022, mientras la participación regional en la AOD mundial se mantiene por debajo del 7%.
Un cambio en la arquitectura del financiamiento
A diferencia del Medio Oriente, cuya recepción de fondos se concentra en asistencia humanitaria de emergencia, América Latina ha mantenido una orientación mayoritaria hacia el financiamiento para el desarrollo. En 2022, fue la única región que registró un incremento del 14,4% en las inversiones de impacto, de acuerdo con el Annual Impact Investor Survey (GIIN, 2023).
No obstante, las tendencias globales muestran una transición estructural: los recursos destinados al desarrollo ceden espacio a la ayuda humanitaria inmediata, mientras las subvenciones pierden peso frente a los préstamos. En América Latina, los préstamos representaron el 49% del total de la AOD en 2022, mientras las subvenciones cayeron un 8%.
De receptora pasiva a protagonista activa
En este contexto, América Latina debe redefinir su posición dentro del ecosistema global de financiamiento para el desarrollo, pasando de un rol pasivo como receptora de fondos a una participación activa en el diseño y atracción de capital orientado a resultados sostenibles. La CEPAL (2024) destaca que la región posee ventajas comparativas relevantes: marcos institucionales relativamente estables, sistemas financieros desarrollados y una base creciente de actores intermedios capaces de canalizar inversión de impacto.
El Informe sobre Blended Finance (OCDE–UNDP, 2023) muestra que América Latina es una de las regiones con mayor potencial de adopción de estos mecanismos, particularmente en áreas de cambio climático, salud y desarrollo social. Innpactia impulsa precisamente este tipo de soluciones, facilitando el acceso a financiamiento, fortaleciendo la articulación entre actores y aumentando la visibilidad de proyectos de alto impacto.
Una oportunidad para liderar
La coyuntura internacional actual no debe interpretarse únicamente como una restricción, sino como un punto de inflexión. América Latina tiene la oportunidad de liderar una nueva etapa en la cooperación internacional, basada en mecanismos financieros sostenibles, colaborativos y orientados a resultados. Desde Innpactia, reafirmamos que el desafío no está en esperar la ayuda, sino en diseñar y activar mecanismos que movilicen recursos y conocimiento.



